Espejo se abre a un valle de pequeños pueblos, caminos entre montes y paisajes que guardan siglos de historia. Un territorio que invita a salir sin prisa y descubrir todo lo que permanece escondido entre sus bosques, sus ríos y sus antiguas construcciones.
En Valdegovía, dieciséis cuevas excavadas en la roca recuerdan a los eremitas que eligieron estos lugares apartados para vivir en retiro durante los primeros siglos de la Edad Media. Su ruta atraviesa enclaves como Corro, Pinedo y Tobillas, entre antiguos espacios de oración, viviendas y sepulturas.

El camino continúa entre castillos y torres medievales. En Villanañe se alza la Torre-Palacio de los Varona, una de las fortalezas mejor conservadas de Álava y la única que mantiene su foso lleno de agua. Todavía habitada por descendientes del mismo linaje, su nombre está unido a la leyenda de María Pérez, una mujer que luchó junto a sus hermanos y cuya valentía le valió ser conocida como «la Varona».
En Fontecha, antiguo paso de la ruta que llevaba la sal de Añana hacia Castilla, permanecen otras dos imponentes torres. La Torre-Palacio de los Orgaz nació como fortaleza defensiva y, con el paso del tiempo, incorporó un palacio destinado a la vida familiar. Muy cerca, la Torre del Condestable supera los veinte metros de altura y conserva la presencia firme de los antiguos bastiones medievales.
El Valle Salado de Añana ofrece otro paisaje sorprendente: miles de eras escalonadas y canales de madera por los que discurre el agua salada de sus manantiales. Aquí se produce sal desde hace más de 7.500 años, manteniendo vivo uno de los paisajes culturales más antiguos y singulares del mundo.
La cercanía con el Valle de Tobalina permite continuar el viaje hasta Frías, una pequeña ciudad medieval levantada sobre un peñón. Su castillo domina el paisaje entre casas colgadas, calles empedradas y un gran puente fortificado sobre el Ebro. A tan solo dos kilómetros, el río Molinar atraviesa Tobera formando cascadas y pozas entre la roca. Junto a ellas, un puente medieval y las ermitas de Santa María de la Hoz y del Santo Cristo de los Remedios crean un rincón que parece detenido en el tiempo.

También hay caminos para quienes buscan aventura: las vías ferratas de Sobrón recorren sus paredes de roca, mientras que la Mina Lucía, en Atauri, permite adentrarse en el pasado de las antiguas explotaciones de asfalto natural. Y al regresar a Espejo, su piscina fluvial ofrece un lugar junto al río para descansar, refrescarse y disfrutar de los días de verano.









